lunes, abril 13, 2015

Tinderísticamente hablando

Mientras vuelve el Blog de Hoja Blanca (Reducción al Ab-zoordo)
… si es que vuelve (fingers crossed)


Una amiga encontró un sujeto que la descripción de su perfil decía “Sí, estoy casado y tengo un hijo. Tinder me causa curiosidad, y no me gusta quedarme con curiosidades.”

Man, la curiosidad mató al gato, pero todo bien.

El concepto celestino detrás del Tinderismo no es cosa nueva, las maneras alternativas de buscar pareja tienen todos los colores de la imaginación humana, desde la tía solterona recomendado a las hijas de sus amigas hasta buscoesposacolombiana.com. Pero esta red social —¿red social? Mis amigas la consideran una red social y me pegaré a esa definición— logra romper un par de barreras dentro de la cultura colombiana de salir a tomarse algo; al menos interesa a mujeres solteras, las cuales aceptan que desconocidos les hablen de nimiedades, sin que se requiera un contexto específico o interacción previa y sin perder el interés de inmediato… eso ya es mucho decir.

El Tinderismo logra ofrecer algo adicional, en medio del silencio, con una cierta comodidad estética, da una sensación de seguridad y emula un reality show a pequeña escala en el que el pretendiente elige quién está o no a la altura de sus estándares de belleza —o de hambre.

De a poco, hemos creado la necesidad de otra capa más de nuestra personalidad digital, en la que es necesario ya no solo es necesario proyectarse como alguien feliz en Facebook, alguien inteligente en Twitter, y con sentido de la perspectiva en Instagram, sino también atractivo en pocas fotos, para Tinder™.

Todo el mundo dice lo mismo, nadie está ahí porque realmente quiere, quiere ver esa vaina qué es, nadie está esperando encontrar el amor puro y verdadero, y al mismo tiempo todas las personas participan con ese discurso que creen que es un discurso de excepción. Para mi, así no saque nada real del Tinderismo en términos de relaciones sentimentales, al menos me quedan importantes preguntas por resolver:

  • ¿A cuántos kilómetros a la redonda debería uno buscar con quién reproducirse?
  • ¿El rango de edad importa como preferencia personal o de doble vía?
  • ¿Cuántas fotos con gafas oscuras debe ver uno para saber que todas son una mentira?
Todos mentimos, en una rumba o por Tinder. El juego de la conquista siempre ha sido el arte de las verdades a medias. Uno sabe que ninguna vive hiper-maquillada y de vestido largo, la vida no es en blanco y negro y que las gafas oscuras son la mejor manera de estandarizar los rasgos faciales de las personas en las fotos. Aún así apostamos. Uno apuesta por la foto súper producida, por la bonita, la buenona, la de media cara en la foto, la artística. Es un like que no requiere ninguna inversión, es un riesgo recíproco bajo el la premisa “capaz da algo”.

Es la versión de comida rápida de una cita a ciegas; en la que aún así, fallamos.

Usualmente, y en el mejor de los casos, le apostamos a un grado de alcohol para aplacar la cobardía y a un contexto de oportunidad preciso y escaso para empezar a interactuar. Esta es la alternativa light ¿por qué no?

“Capaz da algo.”

He tenido dos consultorías sobre cómo curar mi perfil de Tinder™ —ninguna con éxito, al parecer no soy muy bueno mercadeándome por medios digitales… supongo que eso habla bien de mi… en algún lugar del mundo— y las opiniones son diversas, como los gustos por las telas, que más sociable, que menos selfie, que más cosas que hablen algo de ti, que deje esa, sí, esa funciona, sí, no, bueno sí. Esa.

Una ciencia inexacta.

Creo que en el fondo es un ejercicio interesante, una herramienta más, un lugar en el que todo el mundo insiste que está por casualidad y donde se juzga a conocidos y desconocidos por igual; un rumbiadero más de esta ciudad. La reducción al absurdo de que la belleza entra por los ojos.

Aún así, al final del juego, es la interacción real la que dicta el éxito de la herramienta. Conozco historias de final feliz. He vivido algunas que preferiría olvidar. En algún momento se debe traspasar el silencio, la pantalla y concretar ese salir a tomarse algo… y lograr conectar lo suficiente para querer/lograr una segunda oportunidad.

Por el momento me dedicaré a ir a cumpleaños y que me presenten la amiga de una amiga en la sala de una casa. Comenzar conversaciones con desconocidas por escrito requiere de una destreza que desconozco, peco por trascendente y muchas veces me quedo corto después de un “Hola, ¿cómo vas?”

Será mejor así, en algún lugar del mundo.

miércoles, julio 17, 2013

Ahí tienen el turismo pintado



Barichara Santander
Foto de Friederick Guthrie (F_Guthrie) en flickr - CC BY-NC-ND 2.0
“Un paso atrás no duele tanto”, parece que es lo que está diciendo la Alcaldía de Barichara en contra del rimbombante “siempre adelante ni un paso atrás” del himno de Santander –que popularizó Luis Carlos Galán en sus discursos–. La propuesta de la Alcaldía y el Consejo municipal es acabar el Festival Internacional de Cine de Barichara (FICBA) porque altera el orden público de ese municipio tan tranquilo. Hay una parte del himno que me gusta más que la del pasito a tun-tun, y es cuando dice “siempre arrogantes, porque llevamos en nuestra sangre la libertad.”

La expresión artística es un ejercicio fundamental de libertad, combina una apuesta estética –con o sin intención– con una postura política; desde el valegüevismo hasta la denuncia jarocha. En ese sentido, creo que defender con arrogancia las expresiones culturales parece más acorde con la santanderaneidad que huirle a las oportunidades como el FICBA, como propone la alcaldía de Barichara.

La actualidad presenta un país en el momento preciso de una serie de impulsos en pro de espacios de expresión, con regulación –insuficiente, como siempre y porque sí, pero que genera incentivos para la producción de material, de calidad, e independiente en e Colombia– (Ley de Cine I y II, más sus decretos, etc., etc. Ad-infinitum) que premia la ejecución de proyectos estructurados, de esfuerzos colectivos bien organizados; pero parece que desde el mismo poder ejecutivo, esta vez local, esa puerta puede irse al trasto y considerarse un ejercicio vano… 

"hagan ustedes sus películas, pero guárdenlas, es mejor que no las muestren"

¿Acaso lo que busca el FICBA no era lo que querían todas las iniciativas turísticas de Santander de los últimos años?¿ufanarse de tener un punto de encuentro anualizado y con cara institucional que convoque visitantes a nuestras tierras agrestes?

Eso es lo inexplicable, la apuesta del turismo en Santander se ha centrado al parecer en los deportes extremos en San Gil y sus alrededores de aventura; claro, no hay daños potenciales sino a los participantes de estas disciplina con su instinto suicida; conveniente, porque solo pierden ellos y las condiciones las pone el río, nadie es responsable directo.

También sobresale la creatividad de querer posicionar a Bucaramanga como ciudad de turismo de compras, cuando había muy poca oferta de centros comerciales; ahora, la historia es otra, pero la iniciativa es vieja y los nuevos centros comerciales son muy nuevos.

O se muestra en el esfuerzo de construir un parque de casitas de tejas rojas al filo del cañón del Chicamocha, coronado por una escultura de una hoja de tabaco y habitada por avestruces y cabras; ¿fue una buena idea por la inversión masiva?¿Porque myexpresident montó en el cable vuelo y sobrevivió? ¿O porque lo que pase en medio del desierto se queda en medio del desierto?

Personalmente creo que el FICBA es una iniciativa necesaria para Santander, para darle un impulso a manifestaciones artísticas de generaciones jóvenes, en un lenguaje que les dice algo –léase el cine y/o la rumba en torno al festival–.

Debe haber espacios de continuidad para espectáculos de tiples y bandolas sollozando a punta de bambucos, sin duda, esas muestras también nos llenan de orgullo como santandereanos; pero cancelar la posibilidad del FICBA porque un pueblo que se jacta de lindo no tiene la capacidad –policial– para resistir un evento que ha tenido un crecimiento sostenido, es cerrar la puerta y echarse a llorar, dejar pasar una oportunidad de crecimiento, hacerse el ciego y dejarse vencer, es perder la cresta de la ola de reivindicarse como ese pueblito lindo, que tiene que ofrecer más cosas que puertas coloridas, fachadas blancas, tierra amarilla por todas partes y calles de piedra.

Si quieren turismo… el FICBA es un catalizador de eso precisamente, tiene su precio pero es cuestión de organizarse.

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Voy a complementar mi desmadre con las anotaciones que le hizo @Pakikop a esto (él conoce Barichara mucho más que yo):

- Los 6.000 visitantes (asistentes) al festival eran en un 80% bumangueses (¿turistas dispuestos a invertir?)
La mayoría de eventos (programados) no se realizaron por fallas técnicas (no llegaron los que traían las películas $)
- Los talleres cambiaron de horarios "porque en todos los eventos las cosas no salen como se planean".
- Los que fueron a ver cine no pudieron porque las salas no estaban listas por la fiesta de la noche anterior 
- … y la culpa ahora es de la policía ¿? Porque no pudo "controlar ¿? Me lo jura?
- Culpar al pueblo Godo por Godo y al pueblo bonito por bonito y al policía inepto por inepto no dará concepto al festival.
- El pueblo de Barichara no rechaza el dinero ni el turismo rechaza la idea banal (bacanal) de cultura camuflada en cine.








viernes, septiembre 07, 2012

Sudoku para Abogados


La paz que pasa.


Publicado de en Hoja Blanca

Pasa, y lo creo, la paz pasa. Todo el mundo está hablando de lo mismo, pero es necesario que no tratemos al proceso de paz como un chisme del final del noticiero sino que debatamos con las cartas en la mesa hasta que la realidad de lo posible nos desborde.
Porque estamos acostumbrados a los significantes vacíos de todos los días. Para mí, el debate siempre está entre palabras indefinidas como Justicia, Derechos, Paz, Seguridad, Verdad… Amor. Palabras por las que vale la pena luchar para darles un significado (o muchos), o defender con los dientes lo que significan para nosotros. Y nos pasa, como la paz que pasa, que al definir algún concepto de estos, ambiguo por naturaleza, ya no entendemos el resto de los humanos por qué estarán pensando algo diferente.

lunes, junio 04, 2012

¡Rechazo a la Violencia! ¡Solidaridad con las Víctimas!

Publicado en HojaBlanca


El resquebrajamiento de la sociedad colombiana se mantiene pegado por el Colbón® de frases vacías.

[1]

Al parecer, si uno es capaz de pronunciar esas dos frases juntas, en cualquier red social o en los medios de comunicación de única vía, entonces suyo será el reino de los cielos. Porque el resquebrajamiento de la sociedad colombiana se mantiene pegado por el Colbón® de frases vacías (y de preferencia, gramaticalmente incorrectas) que, una vez las repetimos con suficiente frecuencia, terminamos por creerlas como si fueran ciertas.

Nadie llama a un verdadero rechazo, porque si ya es marca ¿para qué indignarse de una manera distinta? El asunto parece resolverse diciendo a los cuatro vientos “Rechazo a todo tipo de violencia”, rechazo genérico y tercerizado, porque estoy seguro que nadie se refiere a si mismo cuando la pronuncia. De ser un mensaje personal, optarían por una figura poco conocida en el mundo de la política, hablar en primera persona asumiendo la responsabilidad que implica pronunciarse y decir: “Yo rechazo éste tipo de actos de violencia”.

Gritarlo en 140 caracteres y por tu status de BBm parece tan necesario como unirte al obituario colectivo del más reciente famoso que volvió a su planeta de origen antes del fin del mundo. Lo dicen casi como para aplacar las ganas de preparar otra marcha de rechazo; porque eso es lo que tienen que ver los violentos: gente sin fondo, unida y caminado.

Pero a decir verdad, no me trasnocha tanto que alguien rechace ese tipo de actos de violencia, o si lo hace dando “like” a los artículos del Caso Colmenares. Desde una bomba puesta hasta una activada, desde un secuestro hasta una tortura, todos los que aún conservan un poco de alma rechazan por simple lógica estos actos sobre sí mismos o por empatía por el otro.

Mi preocupación real es sobre el “¡Solidaridad con las víctimas!”.

Cada vez que lo oigo, y vivimos en un país donde esa frase se pronuncia como mínimo 4 veces por noticiero, tengo la imagen de un mecenas botando confeti por un balcón mientras manda su deseo… Solidaridad con las víctimas. Allí sí me parece complicado tercerizar esa responsabilidad y lavarse las manos creyendo que con ese ábrete sésamo mediático las soluciones se materializarán de forma instantánea.

Solidaridad con las Victimas: “Usted solidarícese con ellas”, “Viva el rey”, “La paz sea contigo” “Abracadabra”. Así suena, impersonal, frio y distante, un deseo para que otros cumplan; el lavamanos de nuestro tiempo, el detalle obligado de un alma en Perma-Press.

Y, si algo de sinceridad nos queda en el cuerpo, sabemos que todos los buenos deseos, sin algo de acción de por medio, no son más que palabras que se lleva el viento (“like”).

[1] Image: http://hojablanca.net/nuevo/ab-zoordo/files/2012/06/redes.jpg

lunes, mayo 28, 2012

Vitrinas repetidas

Soy de los que mientras el bus va andando por la ciudad, va mirando y leyendo cada letrero que pasa. Ochocientas tiendas que nunca visitaré pueden pasar en un recorrido, todas exhibiendo sus jugosas ofertas, sus chucherías imprescindibles; si supieran que a la vuelta de la esquina me olvidare de su existencia…

Sin embargo me intriga qué justificara la necesidad insaciable de leer la contaminación visual, o qué activara la sed asociada al consumo de información, por más efímera que ésta sea.

Como los problemas más desgastantes, la pregunta no se adhiere a mi mente, y aún así, tomo conciencia de la pasividad del consumo de información mientras leo un .epub en mi computador; un libro electrónico que, al abrirlo mediante la aplicación adecuada, puedes leerlo como si fueras Stephen Hawking, mientras el texto completo del libro avanza como los créditos de una película; no hay páginas que cambiar, el libro comienza a rodar cual “ En una galaxia muy lejana” y (como un zombie) yo leo.

Al mismo tiempo, el browser de Internet del usuario promedio de Internet Explorer, tiene al menos tres barras de búsqueda, de sobra; cinco grafiteros, con permiso del distrito, pintan un mural de Pepsi frente a tu casa; y el banco más importante de la ciudad es el que exhibe más piezas publicitarias en los juegos para niños del centro comercial.

El único lugar donde nadie se está promocionando es en nuestros los sueños; es un espacio de pauta poco apetecido, porque lo que sueñas en las noches se diluye al bañarte en la mañana. Aunque Christopher Nolan afirme lo contrario en Inception y Futurama vaticine la existencia de la publicidad del subconsciente.

Pero puede dársele la vuelta al asunto, más allá de ver la contaminación visual y el exceso de información como algo establecido, me sorprende la necesidad correlativa a crear información basura, sólo por el gusto (o el vicio) de hacerlo. Cada página de internet ahora espera que crees un nombre de usuario y contraseña para acceder al más banal de los contenidos. Una sucursal de ti mismo, un perfil más para la colección. Se acumulan, sin valor, múltiples espacios de ti mismo en rincones que a nadie le importan. La vitrina personal, desvirtuada, sin peso por el exceso de oferta, pero curada hasta su detalle pequeño.

Quizás puede agregársele valor cuando se exhibe, o en quizás el valor está en tener el coraje para hacerlo. Nos hemos convertido en tienda de barrio que vende chucherías idénticas a las de todos, baratijas de las que nos sentimos orgullosos porque somos los dueños, al punto de querer montar franquicias en los barrios aledaños, blogs, cuentas de alter-egos, Mr. Hydes.

Parece que el buen gusto estuviera prohibido, le cuenta Ariel Rot a un fenecido Frank Sinatra sobre cómo es la cultura sin él, y parece que el pudor también, le respondo yo con gana.

Me preocupa que, a la publicidad excesiva, también le compramos el discurso y no solo el producto que nos ofrecía. Creemos necesario mercantilizar las imágenes de nosotros mismos, aún si no sirve de nada, lo hacemos incluso con pretensión de producto terminado; la tragedia del exhibicionismo perpetuo, mejor conocida como Facebook.

"Si no tiene logo, falta poco" presagia Kevin Johansen, ya veré a quién le mando a hacer el logo de este zurdo medio sordo.

lunes, abril 23, 2012

Mas mamón que un Meme


Foto: @tintaimpresa ; Meme: @Zoordo El universo facebookístico colombiano ha sucumbido ante una de las epidemias de internet: los memes, (o memes [mims] en un correcto inglés). Estos han reemplazado las cadenas que vaticinan enésimos fracasos amorosos y otros destinos desafortunados si no las envías; cadenas que, según muchas de ellas, empezó a enviarlas Jesús, y que, hasta hoy, llegan a ti en su versión de PowerPoint.

Memes como pequeños lugares comunes de la vida de todos, frases recurrentes (como una buena marca), o imágenes repetidas de la cotidianidad que pocas veces tienen algo que aportarnos; también hay videos… sólo que no se comparten tanto.

Facebook no los inventó, ni tu amigo exhibicionista que actualiza de forma frenética su cuenta y comparte hasta sus lecturas poco ortodoxas por Yahoo News, y no, tampoco fue 9gag; hay memes dando vueltas desde el 2009 (The Annoying Orange).

Aún así, ya los incorporamos en nuestro lenguaje cotidiano y son un punto de referencia en conversaciones, desde “me gusta” hasta “true story”, forever alone y otras sandeces.  Internet logra proporcionar una vez más contenidos vacíos para pasar el tiempo; procrastinar, procrastinar… el último mandamiento.

Y pasa como en la TV, la sección educativa está bien para un segmento, pero el entretenimiento sigue siendo el componente fundamental de las parrillas, porque para eso es que sirven los medios de comunicación en realidad. ¿Acaso por qué Internet debía ser la excepción?, nunca lo ha sido, así, para alegría de las mentes más castas, los memes se presentan como un objeto de consumo más sano que la sobreoferta de porno que siempre ha caracterizado la web.

Ya sea por la necesidad de reírnos, o de buscarle un giro a lo obvio, los memes son la forma de ejercitar el comediante amateur que tantos amigos tienen dentro. Lo que lleva implícito, como píldora ideológica de nuestra generación, el decálogo de “haz lo que tu realmente quieras, porque puedes”, que es la versión micro de la proliferación de chefs y pole dancers.

Porque las herramientas están al alcance de cualquiera que sepa digitar lo que quiere en Google (¿se me escapa alguien?), son una muestra más de la democratización de los placeres. Tu vecino puede inventar un buen chiste sin ser Seinfeld, y vale resaltar que más de uno le ha pegado al perro y nos ha hecho reír. La necesidad de crear prevalece, aunque no necesariamente todos los resultados son buenos.

En la música ha sido igual. De la mano de los “estudios” de grabación caseros se genera una sobreoferta de material que  carece de industria. El lío no está en la vitrina al alcance de todos, lo que falta es un poco de edición para resaltar las joyas que nacen por epifanía o por error, así los insumos sean escasos.

Así, las frases de películas, o de series que nos gusta, imágenes ridículas o simples comentarios pendejos de cómo amarrarse los zapatos, llegan a manos del que los esté buscando para alimentar nuestra adicción a perder el tiempo; en fin, lo entiendo, los consumo. Un vicio inofensivo en pequeñas cantidades.
Solo una advertencia, si me permiten, de verdad está bien si te gustan… pero por favor, a nadie le importa tanto como para que los compartas con sobreactuado entusiasmo cada vez que te estrellas con otro chiste sobre Ublime.


(Astilla: Mi recomendación sería Cheezburger Network y sus 15 millones de memes; demasiados blogs para perder el tiempo, padres de Failblog.org para placeres morbosos tipo Jackass)

lunes, abril 09, 2012


publicado en HojaBlanca
Para los Nativos Bogotanos, (debo decir Nativo porque ellos alegremente encasillan a éste servidor como Provinciano) el país se divide en tres: una ciudad (Bogotá), un territorio (Tierra Caliente) y una zona (Zona Roja).
Y no es de extrañar, yo recibí precarias clases de geografía colombiana, y por aprender cada región por separado casi no me doy cuenta de que el Meta linda con Cundinamarca. Por eso no me trasnocha que la organización de la desmemoria, los lleva a separar el tricolor entre tres pisos térmicos propios.
Bogotá, Tierra Caliente y Zona Roja: pintoresco, tal vez, complicado, siempre y mucho.
Pero también nos pasa a nosotros, a los que la escala cromática bajo el sol únicamente nos lleva del blanco nalga al rojo camarón (así esa definición incluya al Nativo capitalino), porque para los de provincia solo existe la tierrita y “la costa”, y para los costeños hay regiones milimétricas con acentos que solo ellos diferencian y, que igual, todo el que nazca de Montería para abajo es cachaco así no quiera; y, hay quien, por razones comerciales, incluye en su léxico topográfico el siempre ambiguo “los Llanos”.
Nos damos cuenta, todos nos damos cuenta, que al caminar por cualquier, latitud así sea cercana, somos extranjeros así nunca nos llamen gringos, y que igual aquí un gringo puede ser un Noruego que roban en un fluido inglés mientras camina por la T (“¡Guimi de moni madafoker!¡De Moni!”). Pero así generalizar sea de mentes simplonas, el perfil de pensamiento sobre el territorio subsiste.
Con decisión borramos partes del país para olvidar incluso su existencia, las creemos vacías, carentes de personas o incluso de sentido de pertenencia.
“No olviden el Putumayo; para todo lo dejan por fuera” – me dice una abogada oriunda de Mocoa, al enterarse del alcance de un estudio que apenas comienza; el cual debe incluir muestras de todos los rincones del país, así estén en Bogotá, en tierra Caliente, en Zona Roja, en la Costa, en la Sabana del Sinú o quién sabe en qué municipio, de esos que es mejor no mencionarle a sus papas si hay que ir.
Borramos de forma muy efectiva lo que desconocemos, simplificamos las conexiones para poder entender. De esa manera nuestra interacción con el mundo es una pseudociencia donde nos importa solo lo que nos beneficia, solo los aciertos probables.
Lo que me inquieta es ver que el sentido de pertenencia es reducido, que alguien puede desvivirse por una región y al mismo tiempo siente que solo pertenece a tres barrios de la ciudad en que creció, con la creencia que en su ciudad solo hay “gente bien” y que los pueblos no son más que caseríos a borde de carretera.
¿Qué consideramos lejos?¿Hasta dónde va el borde del sol? El calor me nubla las respuesta.
Por el momento, abro una cerveza mañanera en tierra caliente, y pienso que para que la felicidad fuera completa faltaría un pote de hormigas culonas; el frío Bogotano está bien lejos y hay un grupo de gringos en la carpa de al lado.

martes, marzo 27, 2012

La verdad parcelizada


Publicado en HojaBlanca

Porque de cantar y cantar vive la Justicia. De la omertà los capos y de sus fuentes la prensa.

Difícil.

Jack Pierce en una escena de la película House of Frankestein.
Difícil establecer un criterio de veracidad sobre quienes narran un territorio que no solo esta sumido en un conflicto de décadas, sino que tiene hasta el cuello sus índices de corrupción, historias de poder y hechos que, si conociéramos al detalle, quizás no nos dejarían dormir.

Y no solo del poder oficial, vale aclarar, esa sería una enfermedad curable, que se esfumaría al elegir a un director con batuta, sin huevos, pero con batuta. La tensión siempre estará en los poderes vedados, que reclaman la poca humanidad que nos queda.

¿Entonces a quién creerle? ¿a la prensa oficial? ¿al gobierno? ¿a los locos en la calle? ¿a nuestra propia paranoia?

Es tierno verlos discutir sobre cuántas declaraciones falsas puede dar un delincuente, o argumentar que la credibilidad de un individuo depende de que tan buen muchacho ha sido; al unísono, retumba en mi cabeza una clase universitaria donde mi profesor, decía con orgullo, que el Derecho no podía establecer la verdad de los hechos, sino únicamente la verdad procesal.

miércoles, febrero 15, 2012

Volver a la realidad (televisada)


Publicado en Hoja Blanca

Foto por: mcpec.ecuador Algunos derechos reservados
Javier espera en la fila. Ya es un maestro en el arte de hacer la espera, con paciencia, en un gusano de humanoides en línea que persiguen un sueño. Además de esperar en los bancos y supermercados, Javier es experto en considerarse talentoso.

Acompañó a su hija mayor, Alina, a hacer la fila de las Popstars, y a su chiquita, Mariana, a cada una de las ediciones del Factor XS. Él, por su parte, un gran imitador de Armando Manzanero, abnegado amante de boleros, las ha hecho también a nombre propio, asistiendo con rigor a todas las cruzadas que se han hecho para buscar talento en este país de desmemorias. Aunque claro, no descarta que tenga otro tipo de habilidades, se presentó a actor, sobreviviente en una isla estratificada, probó de chef y de aprendiz de millonario.

Hoy, se para frente al pre-jurado, sin cámaras, para que lo juzguen, una vez más con la esperanza del rating, sus quince minutos de fama construidos a punta de segundos gritando al unísono el nombre del programa de turno, con amigos efímeros forjados por el entusiasmo de compartir una ilusión común; lo que queda son las horas que se acortan a la espera de un No.

Según Lauren Zalaznick la intención de lo que se transmite por la TV depende del contexto histórico en el que se produce. De ahí que el boom de los reality-shows se diera post 11 de septiembre, donde diferenciar quién está en tu equipo se hace crucial.

Pero, ¿y en Colombia?

Claro, la exaltación de la magia traquetística (sic), es solo una ficción… no refleja una variación en la receta imprecisa de mezclar mucho esfuerzo, habilidad, y algo de suerte. Hace que alimentemos la ilusión de saltarnos unos cuantos peldaños hacia la cima. Crisis e inseguridades, aquí hasta David Murcia tuvo su propia biografía televisada.

Los programas en franja no educativa enseñan a juzgar, nos empoderan para decidir quién es de mi agrado o debe ser condenado a la infamia, y curiosamente nos extraña la facilidad que tenemos para polarizarnos por nimiedades, tomar partido con rabia y sentido de pertenencia. Porque hasta Twitter/Facebook se considera un megáfono para hacer protesta, le da voz a todo el que la quiere en un mundo sordo de tantas arengas simultáneas e inútiles.

Para sentirse genio y subvalorado, The Big Bang Theory, en tiempos de crisis y austeridad, The Walking Dead, ¿no hay cubrimiento de salud? Tienes cuatrocientas series idénticas de médicos trabajando día y noche.

Para nosotros, más allá de las narconovelas, señores, Germán no era el man y aún así, calificarlo de ser una desgracia es una ficha más dentro de la realidad (no televisada) para la que tantos hacen fila en Transmilenio.

lunes, enero 30, 2012

Desempolvando a Santiago Moure y Martín de Francisco




TV por Rantes (Flickr) Algunos derechos reservados
La tapa es utilizar la nostalgia como método publicitario ; ojalá por exceso de imagen.

Interesante… o no.

Quería saber qué se traían entre manos dos personajes memorables por sus mismos personajes, insinuando entrar en la dinámica internettística (sic) de mejor o peor manera. Aunque el abrebocas de dos sujetos decadentes cargados de melancolía comentado videos virales colombianos con fecha de expiración lejana como dos abuelitos rememorando entre refunfuñes daba algo esperanza, era una imagen carente de innovación.

Ellos, enquistados en el sentir de muchos, son para el inconsciente colectivo la bandera de la acidez en los noventa; su amago de regreso estaba cargado por la posibilidad de repetir y reclamar su espacio. Existían voces paralelas a las de ellos que en su momento le hablaban a un público mayor (Jaime Garzón p.e.) y no a la casta de “jóvenes” noventeros. Los ”jóvenes”… y ellos ya no lo son tanto, eran su público.

Desgracia la mía tener que crecer en los dosmiles con la necesidad de importar humor negro y sarcasmo de otras fronteras, con la nostalgiavintage de saber que es posible tener un programa local que propicie la irreverencia. ¿Pido la parola? ¿En serio? … Sábados Felices quizás, re-encáucheme este salpicón. La salida fue South Park, Family Guy, Jon Stewart. Incluso Anthony Bourdain propone mejores perspectivas punzantes que muchos de la TV y la radio en Colombia.

Porque quedan caricaturistas buenos (Leo), y tiránicos tiranos con puño alzado (Parodiario.tv) creo que hay esperanza; ellos entienden que “humor” no solo se trata de contar al aire “huesitos de marrano” o escribir“pincher” medio de un párrafo blandengue.

Fue un verdadero “show mediático”, de esos que tanto nos gusta hacer en simultaneo alrededor de las nalgas de los famosos y del funcionario público de turno. Fue como abrir un armario empolvado buscando fotos que era mejor que continuaran siendo parte del olvido.

Moure es actor, y lo reafirma con frecuencia; me alegra que le esté yendo bien. Mis amigos (que sí ven fútbol), afirman que lo mejor del fútbol Colombiano hoy, son los comentarios de Martín de Francisco en su salsa, escupiéndole al micrófono adjetivos castizos, precisos y rebuscados… el único problema, dicen, es que para oírlo toca aguantarse a Casale.

El vacío de un programa incómodo subsiste, la nostalgia de hacerlo localmente también, ¿oportunidades para llenarlo?… muchas.

Mientras tanto, ¿quién podrá defendernos de los publicistas?